Dónde encuentran la expresión la mayoría de los lectores
Las aduanas aéreas (en inglés, aerial toll-houses) suelen entrar de costado en la vida de un lector: una nota al pie en un libro sobre la oración, una frase de un himno fúnebre, una discusión oída de pasada en internet. La imagen que se forma es la de un puesto de aduana en el cielo donde al alma se la detiene veinte veces y se la obliga a saldar cuentas. Esa imagen no es lo que quieren decir los autores ortodoxos, y los mejores de ellos dedican tanto tiempo a desmontarla como a defender la enseñanza misma.
Este artículo intenta hacer tres cosas: decir dónde se encuentra realmente la enseñanza, decir qué afirma una vez apartadas las imágenes, e informar con honestidad de que el modo en que se la ha presentado es un asunto sobre el cual los teólogos ortodoxos han discrepado en público. Ninguna de esas tres cosas puede omitirse sin inducir a error a alguien.
Dónde se encuentra la enseñanza
No es una supervivencia marginal. El obispo Ignacio Brianchaninov, el autor ruso del siglo XIX que es la principal autoridad moderna detrás del tratamiento del padre Serafín, la tomaba por enseñanza de la Iglesia y leía en ese sentido las palabras de san Pablo sobre la lucha contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestes (Ef 6:12). Su propio alegato estaba construido más con material antiguo que con argumentos, y ese material se reparte en tres grupos que conviene distinguir antes de que nadie entre en una discusión sobre ellos.
- Textos litúrgicos. El Canon ante la salida del alma, que se lee junto al lecho de muerte ortodoxo, pide que el moribundo pase sin estorbos por parte del príncipe del aire. Hay referencias afines en el Octoeco de san Juan Damasceno.
- Vidas de Santos. San Atanasio el Grande describe a los demonios que se oponen a san Antonio mientras este es elevado; el largo y muy discutido relato de la bienaventurada Teodora aparece en la Vida de san Basilio el Nuevo.
- Manuales dogmáticos. El metropolita Macario de Moscú, el arcipreste N. Malinovski y, en el siglo XX, el archimandrita Justino Popović tratan todos las aduanas aéreas dentro de la exposición habitual del juicio particular.
Las imágenes son imágenes
La página más útil que escribió el padre Serafín sobre el asunto es aquella en la que desarma la estampa. Cita al metropolita Macario de Moscú, que había insistido en que las aduanas aéreas deben representarse no en un sentido burdo y sensorial, sino, en la medida de lo posible, en un sentido espiritual, y que advertía contra el quedar atado a detalles que varían de un relato a otro. Macario, a su vez, repetía una instrucción dada a san Macario de Alejandría: tómense aquí las cosas terrenas como la representación más débil posible de las celestiales.
Trabajando con esa regla, el padre Serafín va retirando el mobiliario pieza por pieza. Los rollos en los que se dice que están escritos los pecados, las balanzas en que se pesan las virtudes, el oro con que se pagan las deudas: todo eso, dice, son recursos figurados o interpretativos de una realidad espiritual. Donde se describe a la bienaventurada Teodora saldando sus deudas con una bolsa de oro, añade que no se quiere decir con ello sino las oraciones de la Iglesia, y en particular las de su padre espiritual, puestas en metáfora. Sobre la imagen central misma es todavía más rotundo.
Así pues, por supuesto, no hay «casas» ni «casetas» visibles en el aire donde se cobren «impuestos»
El padre Serafín Rose, The Soul After Death (El alma después de la muerte), cap. 6 §1 (St Herman of Alaska Brotherhood, impresión de 2009)
Lo que queda una vez apartadas las imágenes
Algo queda, y el padre Serafín es igual de claro al respecto. No trata las aduanas aéreas como una ficción piadosa que se disuelve bajo el análisis. En la teología dogmática ortodoxa, esa prueba pertenece al juicio particular, la rendición de cuentas que sigue a la muerte y que se mantiene hasta el Juicio Final al fin del mundo; es un encuentro, no una contabilidad.
El obispo Teófanes el Recluso expresó el sentido moral del asunto con una pregunta doméstica. ¿Qué buscan los acusadores en quienes pasan? Si el alma conserva todavía algo de lo suyo, es decir, las pasiones. Donde no hay nada de ellos, no hay nada que puedan retener.
Como suele darse por supuesto que se trata de una idea exóticamente oriental, vale la pena añadir que el padre Serafín cita al evangelista protestante Billy Graham, que llega a una imagen llamativamente parecida solo a partir de la Escritura, trabajando sobre la descripción del diablo como el príncipe de la potestad del aire en Ef 2:2. Lo cita con aprobación y sin reservas. Apártense, pues, las imágenes, y una sola frase recoge lo que el padre Serafín pensaba que quedaba.
Lo cierto es que hay una prueba por parte de los demonios, que aparecen en forma espantosa pero humana
El padre Serafín Rose, The Soul After Death (El alma después de la muerte), cap. 6 §1 (St Herman of Alaska Brotherhood, impresión de 2009)
El desacuerdo, expuesto con equidad
Entre 1979 y 1981 esta enseñanza se convirtió en objeto de una disputa pública en la Iglesia Rusa en el Extranjero. El diácono Lev Puhalo, más tarde arzobispo Lázaro, atacó la presentación de The Soul After Death en una crítica publicada por entregas, sosteniendo que las aduanas aéreas, tal como se las describe corrientemente, se acercan demasiado a la doctrina latina del purgatorio, y manteniendo una visión del alma separada del cuerpo según la cual esta no podría en absoluto pasar por tal prueba: sin el cuerpo, escribía, el alma no puede hablar, ni recordar, ni discernir, ni pensar.
El padre Serafín respondió en un apéndice de su propio libro y no se retractó de nada. Su preocupación iba en la dirección contraria: que un hábito racionalista de lectura, impaciente con los distintos niveles de sentido de los textos patrísticos y hagiográficos, estuviera disolviendo en silencio una tradición que no había comprendido. Ambos discutían de buena fe sobre algo real, y quien quiera juzgar entre ellos debería leerlos a ellos y no lo que se dice de ellos.
No corresponde a la parroquia imponer ninguna de las dos posturas a quien nos visita. Lo que sí puede decirse es que el desacuerdo versaba sobre el modo y el marco de la presentación, no sobre si la Iglesia tiene tales textos, pues es evidente que los tiene, en sus propios libros de exequias.
Lo que el Sínodo de Obispos dijo realmente
El Sínodo de Obispos de la Iglesia Ortodoxa Rusa en el Extranjero examinó la controversia el 19 de noviembre / 2 de diciembre de 1980, con el obispo Gregorio Grabbe encargado del informe teológico. Las conclusiones constan por escrito y son más cuidadosas de lo que suelen referir los partidarios de una y otra parte.
Del lado del crítico, los obispos rechazaron la descripción del alma como incapaz de ver, oír o ser juzgada aparte del cuerpo, observando que la Iglesia nunca ha enseñado tal cosa. Luego hicieron algo que a ambos bandos les ha resultado incómodo desde entonces: ordenaron detener la controversia en las publicaciones periódicas, por ambas partes, con el fundamento de que la polémica agria y sin amor mutuo convierte una deliberación en una disputa de palabras y confunde a lectores aún no afianzados en la fe. Al diácono Lev se le prohibió además dar conferencias en las parroquias hasta que ofreciera un compromiso satisfactorio.
En cuanto a la enseñanza misma, el Sínodo admitió que nadie puede establecer dogmáticamente las aduanas aéreas en la forma precisa descrita en la visión que refiere la Vida de san Basilio el Nuevo, pues la Escritura no da de ella indicación directa. En el mismo párrafo afirmó que la tradición se ha conservado desde la más honda antigüedad con detalles variables, que se la cita en todos los manuales dogmáticos y, en la frase que se ha citado desde entonces, que
no contiene nada que sea contrario a la piedad
Sínodo de Obispos de la Iglesia Ortodoxa Rusa en el Extranjero, actas del 2 de diciembre de 1980, en Orthodox Life vol. 31 n.º 1 (1981), pp. 23-37
Ni consenso establecido ni doctrina desacreditada
Sería deshonesto describir las aduanas aéreas como una doctrina acordada que todo teólogo ortodoxo expone del mismo modo. Sería igualmente deshonesto describirlas como un añadido medieval desacreditado, puesto que figuran en los libros litúrgicos que se usan junto a todo lecho de muerte ortodoxo y en los manuales dogmáticos que citaron los obispos. El enunciado exacto es más estrecho y más gris que cualquiera de los dos lemas: la tradición es antigua, ampliamente atestiguada, arraigada en la liturgia, juzgada por un sínodo de obispos como algo que nada contiene contrario a la piedad, y presentada de maneras diversas por autores que discrepan sobre cuánto peso soporta el detalle.
El propio padre Serafín, en el prefacio de ese mismo libro, escribió que sus interpretaciones dejaban lugar a una legítima diferencia de opinión entre los cristianos ortodoxos. Lo decía sobre todo de sus lecturas de relatos modernos de experiencias cercanas a la muerte, pero esa reserva es característica de toda la obra, y es la temperatura justa para este tema.
Cómo dicen los Padres que deben leerse tales imágenes
El obispo Teófanes el Recluso dejó la mejor regla de lectura. Al preguntársele si las visiones de este tipo presentan las cosas exactamente como son, respondió que las imágenes representan la realidad, pero no son la realidad misma, que es espiritual y no tiene nada carnal; nuestras palabras son burdas y están atadas a los sentidos. Señalaba a san Pablo, arrebatado al cielo, que solo informó de que lo que allí oyó no podía contarse (2 Co 12:4).
Leídas así, las aduanas aéreas dejan de ser una tabla de aranceles y se vuelven algo reconocible. Dicen que una vida deja huellas; que aquello que tenía dominio sobre nosotros no nos suelta cortésmente junto a la sepultura; y que el alma sale para ser recibida, no archivada. Es un pensamiento sobrio más que truculento, y la Iglesia lo rodea de oración y no de especulación.
Para qué sirve la enseñanza
Fíjense en lo que la práctica ortodoxa hace con este material. No construye un sistema sobre él. Lee el Canon junto al lecho, pide a la Madre de Dios un tránsito sin estorbos por parte del príncipe del aire, sepulta el cuerpo con himnos sobre la misericordia de Dios, y luego sigue orando: al tercer día, al noveno, al cuadragésimo, en el aniversario. Las aduanas aéreas son un motivo de intercesión, nunca un motivo para un veredicto. Ningún sacerdote ortodoxo le dirá a una viuda dónde está su marido.
Si han llegado a esto desde una tradición que se atiene de cerca al sentido llano de la Escritura, parte de lo anterior sonará a mucho andamiaje alrededor de unos pocos versículos. Es una reacción legítima, y la diferencia de fondo es real y no un malentendido. La Ortodoxia recibe sus himnos fúnebres, sus Vidas de Santos y sus manuales dogmáticos como parte del modo en que la fe se transmite, y no meramente como literatura devocional escrita en torno a la Biblia.
Allí donde los dos relatos difieren, difieren, y fingir otra cosa no sería una bondad para nadie. Lo que sí merece notarse es que la forma práctica del asunto es algo que casi cualquier cristiano reconocería de inmediato. Se reduce a orar por las personas que se han perdido, a negarse a decir de ellas más de lo que realmente se sabe, y a dejar el resto con Dios, que es más o menos donde la Iglesia se ha contentado con dejarlo durante muchísimo tiempo.